sábado, 28 de junio de 2014

RECORDANDO A GEORGHE HAGI

El ya entonces ex jugador del Real Madrid fue una de las estrellas del Mundial de 1994 

Una de las grandes estrellas del Mundial de Estados Unidos fue el rumano Georghe Hagi, que había militado anteriormente en el Real Madrid. Conocido como el ‘Maradona de los Cárpatos’, el futbolista fue uno de mis jugadores favoritos durante los dos años que militó en el Madrid, motivo por el cual seguí con inusitado interés sus actuaciones en aquella cita mundialista de 1994.
Para el recuerdo dejó aquel impresionante gol frente a Colombia, un lanzamiento lejano, desde la banda izquierda, que se coló por la escuadra tras una espectacular volea. 

Aquel gol contra Colombia no fue ninguna casualidad. A Hagi le gustaba lo de los lanzamientos lejanos y en cuanto veía a un portero adelantado no dudaba en intentar el disparo, logrando un buen puñado de dianas de bella factura. Sin ir más lejos, recuerdo un gol contra Osasuna en el Santiago Bernabéu, desde el centro del campo, que fue apoteósico. Fue en la temporada 1991-92.

Georghe Hagi militó dos campañas en el Real Madrid. Llegó al club blanco procedente del Steaua de Bucarest, donde había ganado la Supercopa de Europa 1986-87 al Dynamo de Kiev precisamente gracias a un gol suyo. Con los de la capital rumana conquistó en cuatro temporadas tres Ligas y dos Copas. Anteriormente había militado en el Farul Constanta, equipo con el que debutó en Primera División, y en el Sportul Studentesc.
El futbolista rumano tenía una técnica extraordinaria. Jugaba en el medio campo pero siempre con una clara tendencia ofensiva. Su fe ciega en su propia técnica le hacía, en ocasiones, pecar de individualista sobre el terreno de juego. Zurdo cerrado, su pierna izquierda era un guante y además tenía un potentísimo disparo. Pese a jugar de centrocampista tenía mucha llegada y mucho gol.  
Recuerdo con cariño aquel verano de 1990. Las noticias de su fichaje por el Real Madrid las seguí a través de mi padre, y no sé por qué pero me ilusioné mucho con su llegada al Madrid. "¿Es bueno Hagi?", le preguntaba a mi padre. “Sí. Le llaman el Maradona del Este”, me respondía mi progenitor. Si mi padre, que era acérrimo del Barça, decía que era bueno, tenía que serlo por narices.

Después, ya de vacaciones en el pueblo, seguí sus primeros pasos en el Madrid a través del Marca, que mi primo compraba a diario. Recuerdo una portada en la que Hagi hacía alusión a las ganas de revancha con el Milan, que por aquel entonces era el equipo a batir en toda Europa y había eliminado al Madrid en las dos últimas ediciones de la Copa de Europa. Tiempo después, entendí que aquellas palabras del astro estaban derivadas de la derrota con su anterior equipo, el Steaua, frente al Milan en la final de la Copa de Europa de 1989 en la que los italianos se impusieron a los rumanos por un rotundo 4-0.

Repasando un poco mi archivo personal, compuesto por toneladas de recortes archivados cronológicamente y alfabéticamente jugador por jugador, he comprobado que los comienzos en el Madrid no fueron nada fáciles. Hagi acusó el fuerte calor de la capital española durante aquel verano de 1990 y le costó superar la barrera idiomática que le transmitió una cierta sensación de aislamiento durante sus primeros meses en Madrid.

La aclimatación deportiva tampoco resultó nada sencilla toda vez que las cosas se torcieron para el Real Madrid aquella temporada 1990-91. El equipo sufrió las bajas de Schuster y de Martín Vázquez, Spasic no mejoró el rendimiento que había ofrecido Oscar Ruggieri… Llegaron las derrotas en Liga para un Madrid que había dominado de manera aplastante la competición regular durante los anteriores cinco años

El lustro de las cinco Ligas dio paso a una época de inestabilidad. Los malos resultados propiciaron el cese de John Benjamin Toshack en el mes de noviembre de 1990. Le sustituyó Don Alfredo Di Stéfano, que llegó al equipo con José Antonio Camacho de ayudante. El Madrid pareció recuperar el pulso e incluso doblegó al Barcelona en la Supercopa en diciembre, ganando 0-1 en el Nou Camp y goleando al cuadro azulgrana 4-1 en el Bernabéu, el día del famoso golazo de Santi Aragón.

Hagi sólo jugó los minutos finales del encuentro de ida en Barcelona. Y es que, una de las decisiones de Di Stéfano nada más tomar las riendas del equipo fue la de sacar al rumano del equipo titular.

Aun así, Hagi llegó a disputar 29 partidos de Liga en su primera temporada con el Real Madrid y anotó cuatro goles, dos de ellos en el tramo final de campaña, ya con Radomir Antic en el banquillo madridista. La llegada del técnico serbio coincidió con la mejora en el juego del futbolista rumano.

Pero su mejor nivel, sin ninguna duda, llegó al año siguiente. Georghe Hagi sacó el tarro de las esencias en aquella temporada 1991-92. Sus críticos seguían acusándole de individualista, lo que en España llamamos un ‘chupón’, pero lo cierto es que se erigió en la estrella del equipo. 

La temporada 1991-92

Echando la vista atrás, como estoy haciendo, guardo sensaciones muy contradictorias de aquella temporada. Tras el paréntesis de la 1990-91, el Real Madrid volvió por la senda de los triunfos y arrasó durante la primera mitad de la campaña. Encadenó goleadas y se hizo con el título honorífico de Campeón de Invierno. Curiosamente, dos hombres se encargaron de producir el grueso de goles del equipo, Fernando Hierro y Georghe Hagi.
Sin embargo, desde un sector de la prensa se aseguraba que el equipo no jugaba bien. Incomprensiblemente, Ramón Mendoza tomó la decisión más absurda de su mandato como presidente del Real Madrid y cesó a Radomir Antic cuando el equipo era líder y el técnico contaba con el respaldo de todos sus jugadores. El holandés Leo Beenhakker volvió a sentarse en el banquillo del Santiago Bernabéu con la promesa de devolver la “alegría” y el “espectáculo” al juego del equipo. Pero aquello no funcionó. Con Antic, el Madrid sólo había perdido dos partidos de Liga. Con Beenhakker cayó en seis partidos, el último de ellos en Tenerife, jugándonos la Liga.
Sí. Porque, pese a desperdiciar el colchón de puntos de ventaja que habíamos adquirido en el primer tramo de campeonato, llegamos al último encuentro con opciones de ganar la Liga. Y llegamos a ir ganando 0-2 aquel partido. Hierro adelantó al Madrid y Hagi puso el 0-2 con un lanzamiento de falta que dejaba la Liga encarrilada. Pero no. La temporada se había torcido y el equipo acabó hincando la rodilla para ceder el título.
Aquel fue un palo muy duro para el equipo. Líderes desde la séptima jornada para perder la Liga el último día. Juanito había muerto en accidente de automóvil el mes de abril y aquello fue otro palo para una plantilla en la que aún había muchos futbolistas que habían compartido vestuario con el malagueño. A penas dos semanas después, el equipo fue eliminado en semifinales de la Copa de la UEFA por el Torino de Rafa Martín Vázquez. Demasiadas malas noticias en un equipo que tenía muy reciente la época en la que los títulos de Liga caían año sí y año también.

No sé hasta qué punto aquel aciago final de Liga afectó a la plantilla madridista de cara a la Final de la Copa del Rey que se disputó en el Santiago Bernabéu el 27 de junio de 1992. Pero que afectó está claro. Perdimos 2-0 con el Atlético de Madrid en el que acabó siendo el último partido de Hagi con el Real Madrid. Sólo pudo jugar 12 minutos. Cayó lesionado y tuvo que ser sustituido por Alfonso.

La temporada, como acabo de relatar, terminó sin títulos.

Sin embargo, en lo individual, Georghe Hagi había rayado a gran altura. El rumano jugó 49 partidos oficiales y marcó 16 goles, 12 de ellos en Liga, tres en Copa de la UEFA y uno en Copa del Rey. Algunos de ellos auténticos golazos, como el ya mencionado tanto frente a Osasuna. Firmó, además, un espectacular ‘hat trick’ frente al Athletic Club de Bilbao.

Su segunda temporada, para mí, fue brillante. Siempre con el dorsal 10 a la espalda, Hagi fue uno de los grandes ídolos que tuve en aquella época. Aún recuerdo cuando formaba pareja en el futbolín con un antiguo compañero de clase, también madridista, y abusábamos de nuestros contrincantes. Yo me hacía llamar ‘Hagi’ y mi compañero ‘Prosinecki’. Qué recuerdos del curso lectivo 1991-92, ¿verdad?

En total, Hagi disputó 83 partidos oficiales con el Real Madrid y el centrocampista anotó veinte goles.

Nunca entendí cómo pudimos dejar marchar a aquel jugador en el verano de 1992.

Pero aún entendía menos cómo fue posible que un jugador de la talla de Hagi acabara militando en una escuadra como el Brescia italiano, un club de los que en España denominaríamos “equipo ascensor”. El Brescia acaba de ascender a la Serie A, pero no logró la permanencia y en la campaña 1993-94 Hagi jugó con los italianos… ¡en la Serie B! Lograron el ascenso a la Serie A. Pero no era capaz de entender cómo era posible que un futbolista de su calidad estuviera jugando el equivalente a nuestra Segunda División.

Por suerte para Hagi, 1994 fue año mundialista y en Estados Unidos el rumano volvió a demostrar al mundo la calidad que atesoraba en su pierna izquierda.

El Barcelona repescó al rumano para el fútbol de élite de clubes. Me alegré por él en lo personal, aunque, como es lógico, me dejó muy desconcertado que uno de los futbolistas que más admiraba terminara militando en el eterno rival. Habían pasado dos años y yo seguía sin entender cómo habíamos podido dejar escapar a un futbolista de su calidad.

Para mi sorpresa, Hagi no terminó de cuajar tampoco en el Fútbol Club Barcelona. Curiosamente, sus dos llegadas a España coincidieron con dos periodos de ‘vacas flacas’ para los dos clubes en los que militó. Llegó en 1990 al Real Madrid en el declive de la Quinta del Buitre y fichó por el Barcelona en 1994 coincidiendo con la cuesta abajo de la época Cruyff.

En total, jugó cuatro temporadas en nuestro país. Su palmarés en el fútbol español se saldó con dos Supercopas, una con el Madrid y otra con el Barcelona.

Tras su salida de España, en el verano de 1996, recaló en el Galatasaray turco. Hagi tenía 31 años y allí jugó el resto de su carrera deportiva hasta retirarse en el año 2001. Aquellas cinco temporadas le valieron para convertirse en una leyenda en el club turco, con el que se adjudicó la Copa de la UEFA 1999-00 y la Superocpa 2000-01. Por cierto, frente al Real Madrid. También ganó cuatro Ligas turcas y dos Copas.

Georghe Hagi está considerado el mejor futbolista rumano de la historia. El centrocampista fue internacional con su país en 125 ocasiones y anotó 35 goles. Jugó tres Eurocopas, (Francia 1984, Inglaterra 1996 y Holanda Bélgica 2000) y tres Mundiales (Italia 1990, Estados Unidos 1994 y Francia 1998).

Quizás no tuvo mucha suerte, pero es uno de los jugadores del Real Madrid que recuerdo con más cariño y desde aquí, desde ‘Historias del Real Madrid’ quería rendirle mi pequeño homenaje.

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