sábado, 28 de marzo de 2015

EL CESE DE RADOMIR ANTIC

En la temporada 1991-92, el Real Madrid destituyó a su técnico con el equipo líder

Ramón Mendoza, QEPD, hizo muchas cosas buenas en el Real Madrid. Pero también protagonizó la metedura de pata más grande a nivel deportivo que yo le recuerdo a un dirigente del Real Madrid. El lunes 27 de enero de 1992 fue cesado Radomir Antic como entrenador cuando el equipo era líder y se acababa de proclamar Campeón de Invierno de aquella Liga 1991-92.

Yo, que entonces todavía seguía siendo un crío que daba sus primeros pasos por la adolescencia, no entendía mucho aquello. Pero, con el tiempo, me llegué a convencer de que fue un error histórico que, en cierta medida, seguimos arrastrando más de dos décadas después.

Radomir Antic nació el 22 de noviembre de 1948 en Zitiste, Serbia. Jugó como defensa en Yugoslavia y Turquía antes de recalar en el fútbol español dos temporadas en las filas del Zaragoza. Con los maños disputó dos campañas, 1978-79 y 1979-80. En 1980 cambió de aires y fichó por el Luton Town inglés. Con el cuadro británico disputó cuatro campañas antes de retirarse en el año 1984.

Inició su carrera como entrenador muy poco después. En la temporada 1985-86 se puso a los mandos del Partizan de Belgrado, club en el que había militado como jugador. Estuvo tres ejercicios en el banquillo de la escuadra de la capital yugoslava. En 1988 regresó a España para dirigir al equipo en el que también había militado como jugador. En el Real Zaragoza estuvo dos años sentado en el banquillo junto a su segundo, un jovencísimo Víctor Fernández. En su primera campaña al frente del equipo maño consiguió la clasificación para disputar la Copa de la UEFA. Al término de la campaña 1989-90 dejó el cargo.

El banquillo blanco

La temporada 1990-91, como ya he apuntado muchas veces, significó el fin de la brillante etapa de las cinco Ligas consecutivas de la Quinta del Buitre. En el mes de noviembre de 1990, John Benjamin Toshack fue destituido como entrenador del Real Madrid. Le sustituyó el tándem formado por Alfredo Di Stéfano y José Antonio Camacho. Con Di Stéfano, el Real Madrid le ganó la Supercopa al Barcelona, y en un principio parecía que el equipo remontaría el vuelo. Pero no fue así. A principios del año 1991 ya se veía que las cosas seguían mal. Don Alfredo puso su cargo a disposición del club y el 22 de marzo del 91 se oficializó el relevo con la llegada de Radomir Antic.

Antic, que llevaba unos meses sin equipo desde su salida del Zaragoza al término de la campaña 1989-90, llegó al Real Madrid de manera provisional y, en principio, sólo hasta finalizarse aquella temporada 1990-91. El objetivo era el de clasificar al equipo para Europa, cosa que no parecía fácil en aquellos momentos. El equipo era séptimo en la tabla.

Pero lo consiguió. Radomir Antic logró enderezar el rumbo de la nave y completó un más que digno final de campaña llevando al Real Madrid hasta la tercera posición y clasificando al equipo para la UEFA.

Entrenador 1991-92

En medio de aquella convulsa temporada 1990-91, mientras el Real Madrid trataba de solucionar sus muchos problemas sobre el terreno de juego, en el Club se vivió un proceso electoral en el que Ramón Mendoza volvió a ser reelegido como presidente. Durante aquella etapa, Mendoza había sondeado el fichaje del italiano Arrigo Sacchi y había llegado a un acuerdo con el ex seleccionador colombiano Pacho Maturana, que en aquellos días entrenaba al Valladolid.

Tras vencer en las elecciones y renovar su mandato, Ramón Mendoza se encontró con la difícil papeleta de la elección del entrenador para la campaña 1991-92. Radomir Antic lo había hecho muy bien los meses en los que estuvo al frente del equipo. Al técnico yugoslavo se le ofreció un cargo técnico en el organigrama del Club, pero Antic quería entrenar. Los jugadores hablaban maravillas del técnico... 

Reuniones, informes técnicos, juntas directivas... El caso es que en junio de 1991 se ratificó a Radomir Antic como entrenador del primer equipo del Real Madrid. "Me he ganado la continuidad", señalaba Antic en una entrevista al semanal As Color. El yugoslavo tenía un año más de contrato para empezar la temporada con el contador a cero.

La temporada 1991-92 empezó francamente bien. Los resultados eran excelentes y recuerdo que, después de una campaña tumultuosa, volví a disfrutar con los triunfos del equipo. Otra vez, volvíamos a ser la apisonadora a la que el Real Madrid me había acostumbrado durante aquellos felices años de mi infancia. Llegamos a tener ocho puntos de ventaja sobre el Barcelona. En aquellos tiempos, la victoria otorgaba dos puntos en la clasificación, no tres como ahora. Todo marchaba bien.

O al menos, eso creía...

Recuerdo perfectamente que fue aquella maldita temporada 1991-92 la primera de mi vida en la que empecé a escuchar una cantinela que, en cierto modo, he acabado detestando. No basta ganar. Hay que jugar bien. Hay que jugar bien. ¿Jugar bien? ¿Qué querían decir los mayores con aquello de que había que jugar bien? Mejor dicho... ¿a qué se referían en los medios de comunicación con aquello de que había que jugar bien?

Yo, la verdad, veía bien al Madrid. Me sentaba delante de la televisión y veía a Buyo detener los balones, a Rocha quitándole el balón a los contrarios con una contundencia y eficacia que pocas veces había visto en un defensa central, a Hierro metiendo goles como churros en la nueva posición adelantada en la que le había colocado Antic, a Michel centrando balones como siempre, a Butragueño haciendo de las suyas en el área, a Hagi aportando goles y golazos... Yo les veía enchufadísimos a todos...

Pero resulta que no. En la televisión y en la radio, los entendidos decían que jugábamos muy mal. Que aburríamos... ¡Que aburríamos! Yo, la verdad es que no me aburría. Mi padre, para echar más leña al fuego, insistía en que no jugábamos nada bien. Que ganábamos, pero que nuestro juego era un muermo en comparación con su Barcelona. "¿Sí?. Pues vais ocho puntos por detrás nuestro", le contestaba yo. La verdad, no entendía nada. O quizás estaba empezando a entender algunas cosas...

Presión mediática

Por aquellos tiempos, la radio nocturna tenía un nombre. José María García. Desde la desaparecida Antena 3 Radio, el periodista radiofónico era líder absoluto de su franja horaria congregando a cientos y cientos de miles de oyentes cada noche. Precisamente aquella temporada 1991-92, por mediación de un amigo de infancia, descubrí el programa de cine 'Polvo de Estrellas', que presentaba Carlos Pumares. El programa de Pumares empezaba después del de García. Pero García no tenía un horario fijo. Su programa terminaba cuando a él le daba la gana. Así que, para escuchar a Pumares, tenía que escuchar a García

Bueno. Resulta que José María García no podía ver ni en pintura a Radomir Antic. Le machacaba noche tras noche. ¿El motivo? Ni idea. Pero soltaba de todo por su boca sobre el entonces técnico del Real Madrid. García, además, estaba enfrentado con las 'trillizas', como él llamaba a Butragueño, Míchel y Sanchís. El núcleo de la Quinta del Buitre, además, siempre tuvo palabras de cariño y apoyo hacia Antic. Quizás una cosa llevaba a la otra...

Sólo podía escuchar aquellos programas los viernes o cuando no tenía clase al día siguiente. Pero era suficiente para empezar a ver cómo se las gastaba aquel periodista con quienes no se llevaba bien o no le 'bailaban el agua'. No tengo ninguna intención de reproducir aquí ninguno de los calificativos que recibían los madridistas en aquel programa. Noche tras noche, eran machacados por el periodista, que se ensañaba también con Ramón Mendoza.

Supongo que si a la gente le empiezas a decir todos los días que el equipo juega mal y que Antic no era un entrenador para el Real Madrid, pues al final te acabas contagiando. O quizás era cierto que el equipo no practicaba un juego brillante y yo, debido a mi corta edad, no lo percibía. 

El ambiente se fue enrareciendo y, pese a completar una primera vuelta casi de sobresaliente, el 26 de enero de 1992 se escucharon pitos en el Bernabéu en un encuentro en el que ganamos 2-1 al Tenerife. Precisamente al Tenerife... Los pitos de la gente también fueron contra el palco. Y al día siguiente...

Antic, cesado

No lo entendí. Yo era un crío y no lo entendí. Pero, 23 años después, sigo sin entenderlo. El Real Madrid era líder con tres puntos de diferencia sobre el Barcelona, segundo. Catorce victorias, tres empates y sólo dos derrotas. Campeones de Invierno. El equipo vivo en las tres competiciones que disputaba. Líder en Liga, cuartofinalista en Copa y cuartofinalista en Copa de la UEFA. Estábamos a mitad de temporada, en el mes de enero. Justo en el ecuador de la Liga... Y Ramón Mendoza y su junta directiva tomaron la decisión de cesar al entrenador.

Se mire como se mire, aquello fue un disparate. Un auténtico disparate. 

En el entorno futbolístico, los profesionales no daban crédito a lo que hacía el Real Madrid. Los futbolistas blancos se mostraron dolidos. Todos tenían buenas palabras hacia Antic y se mostraron críticos con una decisión que consideraban "injusta". 

38 encuentros oficiales dirigió Radomir Antic como entrenador del Madrid en los diez meses que permaneció en la entidad, entre marzo de 1991 y enero de 1992. El balance fue de 27 triunfos, 5 empates y 6 derrotas. Si contamos sólo los partidos de Liga, fueron 22 victorias, 4 tablas y 4 derrotas. Y si nos ceñimos a la temporada en curso del momento de su destitución, los datos son demoledores: 14 triunfos, 3 empates y sólo 2 derrotas en 19 partidos.

El sustituto del yugoslavo sería el holandés Leo Beenhakker, que había entrenado al Madrid entre 1986-87 y 1988-89 y que había regresado al Santiago Bernabéu a principios de octubre de 1991 en calidad de director técnico. Sí. En octubre de 1991. Es decir, aquella misma temporada 1991-92, y con la Liga ya empezada, en una maniobra que muchos interpretaron, seguramente con acierto, como una 'espada de Damocles' pendiendo sobre el cuello de Antic. Se cambiaron los papeles. Radomir Antic aceptó seguir en el Club hasta final de campaña como manager general y Leo Beenhakker se hacía cargo del equipo desde el banquillo.

¿Por qué?

El cese de Radomir Antic se justificó esgrimiendo la poca brillantez del juego desplegado por el equipo. No bastaba con ganar. Había que dar espectáculo. El propio Beenhakker, en su rueda de prensa como nuevo entrenador, respaldó que llegaba para practicar un fútbol más ofensivo. La palabra "espectáculo" se escuchó mucho en aquella comparecencia ante los medios del martes 28 de enero de 1992.

Y, desde luego, dimos espectáculo. Mucho espectáculo. Pero no del esperado...

El primer partido de la segunda etapa de Beenhakker como entrenador blanco fue un Real Madrid-Cádiz en el Santiago Bernabéu... en el que llegó el primer tropiezo. Empate 1-1. Pero ahora, como José María García decía desde la radio, en el banquillo del Real Madrid había "un entrenador de verdad".

Recuerdo con cariño a Leo Beenhakker por su extraordinaria primera etapa en el Real Madrid. En tres años encadenó tres Ligas consecutivas con la Quinta del Buitre en todo su esplendor y en la campaña 1988-89 logró ganar Liga, Copa y Supercopa. Sin embargo, la segunda etapa fue un suplicio. Aquel empate con el Cádiz sólo fue un anticipo de lo que nos esperaba... 

En aquella segunda vuelta de la Liga 1991-92, recuerdo que, por primera vez en mi vida, empecé a sufrir con el fútbol. Las derrotas, que fueron varias, empezaron a ser cada vez más dolorosas. Fue entonces cuando empecé a sufrir el Síndrome del Transworld Sport. Ganar era lo de menos. Había que jugar bien. Había que dar espectáculo. Y el espectáculo del bueno siempre lo daban otros. Nosotros, dábamos espectáculo... de otro tipo.  

Final horrible

Al empate con el Cádiz le siguió... una derrota en el campo del Valladolid. Goleamos al Athletic de Bilbao... Pero después volvimos a perder. Esta vez con el Sevilla. Aquello no me convencía nada. ¿Espectáculo? ¿Jugar bien? ¡Yo lo que quería era que mi equipo ganara! Y tras el cese de Antic, el equipo, según los entendidos, seguía sin jugar bien... y encima perdíamos. Un cambio cojonudo, con perdón.

Aquello fue un desastre. La ventaja en Liga se fue dilapidando. El equipo unos días ganaba con muchos goles y al siguiente volvía a tropezar. En abril caímos en semifinales de la Copa de la UEFA con el Torino de Martín Vázquez. Y en Liga... 

La Liga la perdimos en la última jornada. Después de haber llegado a disponer de ocho puntos de ventaja con el Barcelona en los primeros meses de la competición nos plantamos en el mes de junio con un solo punto de margen. Nos tocaba jugárnosla en el Heliodoro Rodríguez López con el Tenerife de Jorge Valdano. El Barcelona jugaba en su casa con el Athletic de Bilbao. Necesitaban nuestro tropiezo para llevarse la Liga.

Bueno. No quiero recordar aquel partido. Pero sí que tengo que reconocer que aquel 7 de junio de 1992 lloré. No pude soportar las burlas de mi padre. Sé que no lo hacía con mala intención. Pero aquello fue muy duro. Me encerré en el baño y lloré como lo que era. Un niño. Nunca había llorado por el fútbol. Yo disfrutaba viendo el fútbol y siguiendo al Real Madrid. Ni siquiera sufrí cuando el Milan nos eliminaba de la Copa de Europa. Ni el día que caímos con el PSV en 1988. Como ya he contado aquí, fue años después cuando fui consciente de lo que se nos había escapado aquel día en Holanda

Y empecé a ser consciente de lo difícil que es ganar en el fútbol aquella temporada 1991-92. La campaña 1990-91 había sido mala, pero todavía estaban muy recientes los éxitos anteriores. Pero lo de la 91-92 fue muy duro. Lo peor había sido haber tenido la Liga encarrilada y perderla el último día de competición. Ver cómo el barco se hundía poco a poco y sin que nadie lo remediara. Para rematar la faena, el sábado 27 de junio de 1992, para cerrar la campaña, perdimos la Final de la Copa del Rey con el Atlético de Madrid.

¿Aquel era el espectáculo prometido? ¿De qué había servido cesar al entrenador a media temporada? 

Epílogo

Nunca se sabrá qué hubiera pasado si Radomir Antic hubiera finalizado la temporada en su puesto. Es tontería romperse la cabeza. Es ciencia ficción. ¿Quién sabe? Es posible que el equipo se hubiera venido abajo también con el técnico yugoslavo en el banquillo. O no. Es imposible saberlo. Pero yo estoy casi convencido de que, por lo menos, la Liga no se nos habría escapado. Y quizás la historia reciente del Real Madrid hubiera sido diferente. Quizás los títulos nos hubieran dado mayor tranquilidad y estabilidad para afrontar las siguientes campañas con más sensatez y coherencia. Quizás. En lugar de eso, hemos atravesado dos décadas en las que los cambios de entrenador han sido constantes. Los proyectos deportivos siempre han sido cortoplacistas y se han quemado a las primeras de cambio. 

Soy el primero a la hora de exigir a mi equipo. Es normal. El Real Madrid siempre debe aspirar a todo. Pero siendo conscientes de la dificultad que suponen los triunfos en el fútbol y aceptando que la derrota en el juego es una posibilidad. 

La paciencia, por desgracia, no es una de nuestras virtudes. Pero yo tengo clarísimo, rotundamente claro que, salvo casos extremos, un entrenador siempre debe acabar como mínimo la temporada en curso.

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