sábado, 11 de noviembre de 2017

EL BOTELLAZO A HUGO SÁNCHEZ

Se cumplen treinta años del partido de Copa del Rey disputado en Sestao

La suerte le sonrió al Sestao cuando en el sorteo efectuado el 6 de noviembre de 1987 el equipo quedó emparejado con el Real Madrid de cara a la ronda de dieciseisavos de final de la Copa del Rey. Fundado en el año 1916, el por aquel entonces Sestao Sport Club no había recibido nunca en su campo al Madrid. En la campaña anterior, 1986-87, el conjunto que dirigía Javier Irureta estuvo a las puertas de subir a Primera División. Se quedó a dos puntos de dar el salto. Unos pocos meses después, el municipio vizcaíno de la margen izquierda acogería un duelo de máxima expectación con el vigente Campeón de Liga. El público anfitrión vería a sus jugadores medirse nada más y nada menos que al Madrid que justo una semana antes acababa de eliminar al Campeón de Europa. Por el campo de Las Llanas pasarían futbolistas de la talla de Camacho, Santillana, Hugo Sánchez o el grueso de componentes de la Quinta del Buitre. El lleno estaba garantizado y el récord de recaudación asegurado. Once millones de las antiguas pesetas.

En su estreno en la competición copera de aquella temporada 1987-88 el Madrid volvía por tierras vizcaínas después de haber jugado en Bilbao frente al Athletic Club el 31 de octubre en partido de Liga. Entre medias, el ya citado duelo en Das Antas con el Oporto, y una derrota en el Bernabéu frente al Atlético de Madrid, la primera desde que había arrancado una exigente campaña en la que el equipo no había parado de encadenar partidos. El equipo viajó con un día de antelación. Leo Beenhakker contaba con las bajas de Gordillo y Tendillo por lesión y Jankovic por sanción. Valdano y Gallego seguían fuera recuperándose de sus dolencias y Miguel Pardeza había dejado la disciplina del Club unos días atrás. Julio Llorente también formó parte de la expedición y Muñoz Pérez, al que recordaba aquí en 'Historias del Real Madrid' hace un par de semanas, tenía todas las papeletas para debutar en competición oficial. "Parece que va a ser mi oportunidad. En los últimos dos meses me han sucedido muchas cosas y ésta podría ser la más maravillosa. Ahora, no puedo decir qué sensación sentiré si me pongo por primera vez la camiseta del equipo. Al principio, tendré los lógicos nervios, pero, una vez comience a rodar el esférico, todo pasará", contaba el malagueño en la previa del duelo copero.

Una previa de la que se desprendía que el conjunto blanco se tomaba muy en serio la eliminatoria. "Para el Sestao va a ser el partido del año", apuntaba Leo Beenhakker. "Corren mucho, tienen un campo pequeño y ante el Real Madrid... prepárate. Nosotros lo vamos a intentar hacer lo mejor posible, pero conscientes de que ésta es una eliminatoria a doble partido", advertía el técnico madridista. 

El partido 

Aquel miércoles 11 de noviembre de 1987 el Real Madrid saltó al césped de Las Llanas con Buyo, Chendo, Mino, Sanchís, Camacho, Míchel, Solana, Martín Vázquez, Muñoz Pérez, Llorente y Hugo Sánchez. Por los locales jugaron Echevarria, Martínez, Herrero, Ribera, Núñez, Juan Ángel, Albistegi, Bardasco, Sabin Bilbao, Arrien y Mendilibar. En aquel once del conjunto verdinegro destacaba Núñez, que había sido doble Campeón de Liga con el Athletic Club. Sabin Bilbao, Albistegi y Ribera jugarían en los noventa con el 'Súper Dépor'. Y Mendilibar se convertiría en técnico de Primera División con los años.

¿El partido? Pues nada del otro mundo, la verdad. Encuentro poco vistoso y de pocas ocasiones. La primera intervención del guardameta local llegó al filo del descanso y en jugada a balón parado, un córner cerrado botado por Míchel. Ninguno de los dos equipos logró acertar a disparar entre los tres palos. La ocasión más clara del partido la tuvo en el minuto 59 el ídolo local, Primi, que encaró solo portería pero que no acertó al tratar de driblar a Buyo, que le quitó el balón desde el suelo. Por parte de los blancos, un remate al lateral de la red del debutante Muñoz Pérez fue la acción de mayor peligro.

Y en el minuto 74 llegó el famoso incidente por el que se recuerda aquel partido. Resulta que a un cafre, desde la grada, no se le ocurrió mejor idea que lanzar una botella de champán al campo alcanzando en la cabeza a Hugo Sánchez. El delantero cayó al suelo, claro, a causa del impacto. Los futbolistas del Sestao se encararon con la grada recriminando la acción mientras se atendía al mexicano. Hugo, que sangraba de manera abundante, se retiró andando por su propio pie acompañado por Antonio Acedo y el Doctor Martínez, que le cubría la herida con una toalla. El público local de Las Llanas aplaudió al jugador durante su trayecto a vestuarios. Ya en vestuarios, entre el propio Pirri y el galeno del Sestao le aplicaron al delantero once puntos de sutura en la cabeza. 

Santillana saltó al césped en sustitución del mexicano para disputar la recta final de un encuentro en el que no pasó mucho más. El comportamiento de los dos equipos fue totalmente correcto y no hubo ningún problema entre ambas escuadras. El colegiado, García de Loza, sólo mostró dos amarillas, una para cada equipo. Aquel Sestao-Real Madrid finalizó con empate a cero y, dado que en lo futbolístico no dio mucho de sí, siempre será recordado por el botellazo que recibió Hugo.

Nada más acabar el encuentro, las declaraciones giraron, lógicamente, alrededor del incidente de la botella. Tantos los entrenadores de ambos equipos como los presidentes, Juan José Azpitarte y Ramón Mendoza condenaron el suceso de forma tajante. Socios y aficionados del Sestao, a través de dos representantes, hicieron llegar al Club blanco una carta con más de 2000 firmas pidiendo disculpas al Real Madrid y recriminando la actuación del autor del lanzamiento. Por parte del Madrid se quiso dejar claro que no se asociaba el incidente con la totalidad de la afición del conjunto verdinegro. "Hay que agradecer a la directiva y al pueblo de Sestao esta carta", señaló Ramón Mendoza. "Moralmente nos sentimos satisfechos con este gesto. Más no pueden hacer", apostilló el máximo mandatario blanco.

La vuelta se disputó el miércoles 25 de noviembre. "El partido de la PAZ", tituló en grande su portada de aquel día el diario Marca. "Hoy, el Santiago Bernabéu debe ser el escenario de una firma histórica: La victoria de la deportividad sobre la violencia", rezaba el periódico que recogía declaraciones de los protagonistas del duelo en favor de la deportividad y en contra de la violencia en el deporte. El partido se disputó a media tarde, con unos 10.000 espectadores en las gradas del Bernabéu y mucho frío. Ganó el Madrid 3-0 con goles de Tendillo, Santillana y Míchel, de penalti. El partido transcurrió sin ningún incidente y con total normalidad.

SESTAO: Echevarria, Martínez, Herrero, Rivera, Núñez, Juan Ángel (Sergio, 67'), Albistegi, Bardasco, Sabin Bilbao, Arrien (Primi, 54') y Mendilibar.

REAL MADRID: Buyo, Chendo, Mino, Sanchís, Camacho, Míchel, Solana, Muñoz Pérez, Martín Vázquez, Llorente y Hugo Sánchez (Santillana, 77').

domingo, 5 de noviembre de 2017

EL ADIÓS DE PARDEZA

La Quinta del Buitre se separó de manera definitiva tal día como hoy de hace treinta años

Quizás no sea una fecha muy recordada, pero tal día como hoy de hace treinta años se separaba futbolísticamente de manera definitiva La Quinta del Buitre. El 5 de noviembre de 1987 el delantero Miguel Ángel Pardeza Pichardo era presentado de manera oficial en La Romareda como nuevo jugador del Real Zaragoza. Volvía a enfundarse la camiseta que defendió, en calidad de cedido, durante la temporada 1985-86. Allí jugaría lo que restaba del ejercicio 1987-88 y se quedaría durante diez campañas, toda una década, hasta finalizar la temporada 1996-97. Pardeza se marchó a tierras mañas en busca de los minutos y la continuidad que no podían asegurarle en el Real Madrid.

Pardeza había empezado la temporada 1987-88 con el Real Madrid. Durante la pretemporada veraniega participó de manera asidua con el equipo e incluso marcó dos goles. Pero según se acercaba el inicio de las competiciones oficiales resultó evidente que Leo Beenhakker contaba con un once titular bastante definido y que el onubense lo iba a tener complicado para jugar. Aunque Valdano continuaba en el dique seco por enfermedad, Hugo Sánchez y Butragueño tenían dos puestos asegurados en la delantera. Juanito había causado baja pero Carlos Santillana seguía en la plantilla completando la nómina de delanteros. Y el fichaje de Paco Llorente suponía la llegada de nueva competencia para los puestos de vanguardia del equipo. Así las cosas, Miguel Pardeza consideró que lo mejor para él era salir del Madrid, así que se reunió con Leo Beenhakker para pedirle que no le alineara en Liga y así poder jugar con el Zaragoza aquel mismo año

A mediados de octubre se llegó a un acuerdo entre todas las partes para hacer efectiva la marcha del futbolista a partir del 4 de noviembre de 1987. El motivo de esa fecha en concreto era que Pardeza había sido inscrito en la UEFA para disputar la Copa de Europa con el Real Madrid y el 4 de noviembre era el día en el que se disputaba la vuelta de los octavos de final. Los cuartos de final ya no se disputarían hasta el mes de marzo del siguiente año, 1988. Pardeza siguió en el Madrid hasta esa fecha agotando la posibilidad de ayudar al equipo en caso de extrema necesidad si el entrenador lo consideraba oportuno empujado por alguna lesión u otro contratiempo. Una vez pasado ese día tan señalado, Pardeza tuvo vía libre para quedar desvinculado del Real Madrid, como así ocurrió.

Al día siguiente de la clasificación en Oporto para cuartos de final, Miguel Pardeza, que no llegó a disputar ni un solo minuto en competición oficial con el Madrid desde que arrancó esa temporada, ya estaba en Zaragoza. El club aragonés pagó 60 millones de pesetas al Madrid por el traspaso. El presidente zaragocista, Miguel Beltrán, agradeció de manera pública a Ramón Mendoza las facilidades ofrecidas para llegar a un acuerdo. El futbolista y su nuevo presidente atendieron a los medios de comunicación durante la firma del contrato y por la tarde Pardeza ya entrenó con sus nuevos compañeros.

Sólo unos pocos días después, el miércoles 11 de noviembre de 1987, el diario Marca ofrecía una entrevista con Pardeza en la que el delantero explicaba las razones de su marcha: "Un jugador que atesore calidad puede jugar en el Real Madrid, pero con media hora no basta. Es fundamental tener confianza para poder hacerlo. La afición estaba conmigo y la pasada temporada pedía mi presencia sobre el terreno de juego, pero...". Eso sí, no había reproches por parte del onubense, que había dejado el Madrid sin ningún tipo de rencor. "No me invade ningún sentimiento de revancha. Soy una persona muy práctica y dejé el Real Madrid porque no jugaba. Aquí, en el Zaragoza, no voy a demostrar que el Madrid se ha equivocado conmigo. El Real Madrid no me ha vendido al Zaragoza. Me he venido yo", puntualizaba el ariete.

Con la marcha de Pardeza a Zaragoza el grupo de La Quinta del Buitre perdía a uno de sus miembros. Ya no volverían a coincidir todos juntos en un equipo de fútbol como jugadores en activo hasta 1989, en la Selección. Butragueño, Míchel, Martín Vázquez, Sanchís y Pardeza estarían de nuevo juntos en el Mundial de Italia-90. Pero a nivel de clubes no volvieron a jugar juntos. Les tocaría enfrentarse como rivales, tal y como sucedió el 31 de octubre de 1992, el día en el que se tomó la famosa fotografía que recordaba el pasado martes aquí en 'Historias del Real Madrid'.

sábado, 4 de noviembre de 2017

EL CAMPEÓN, ELIMINADO

El Real Madrid dejó en la cuneta al Oporto, vigente Campeón de Europa, con una portentosa actuación de Paco Llorente

El miércoles 4 de noviembre de 1987 se jugó la vuelta de los octavos de final de la Copa de Europa de la temporada 1987-88. Tras eliminar al Nápoles de Diego Armando Maradona el Real Madrid había quedado emparejado con el vigente Campeón de Europa, el Oporto. Como ya recordé hace un par de semanas, el partido de ida se disputó en Valencia con motivo de la sanción de la UEFA que arrastraba el Club por los incidentes registrados en el Santiago Bernabéu frente al Bayern durante la anterior campaña. Fue el partido del destierro, que se jugó el 21 de octubre de 1987. El resultado final de ese choque fue un 2-1 favorable a los blancos. Victoria que supo a gloria por la forma en la que llegó, certificando una remontada en el último minuto. Ya más en frío, sin embargo, había que tener en cuenta que aunque el 2-1 le daba el pase al Madrid, el resultado no era malo para el Oporto. Era un marcador corto y un gol le podía resultar suficiente a los portugueses para ser ellos quienes accediesen a cuartos de final.

"No nos defenderemos, no sabemos hacerlo", afirmaba Leo Beenhakker en la previa del partido. "Lo más importante es que seamos capaces de marcar un gol", añadía en declaraciones recogidas por el diario Marca el día del partido. "Nosotros vamos a hacer nuestro juego. Estoy seguro de que ellos no van a traicionar el suyo. Se van a cerrar y van a buscar las arrancadas de Madjer y Rui Barros. Nosotros tenemos nuestro estilo y no lo vamos a cambiar", analizaba el neerlandés. "Uno de los grandes problemas con los que nos podemos encontrar es si ellos marcan pronto", vaticinaba por su parte Emilio Butragueño. "Para mí y para Hugo, sobre todo, el principal problema con el que nos podemos topar es la ordenada defensa que tiene el Oporto. Tiene un sistema de juego ofensivo, donde todo el equipo se retrasa y ordena en la zaga, convirtiendo el área en un muro casi infranqueable", analizaba el 'Buitre'. Por su parte, Hugo Sánchez incidía en la importancia que tenía para el equipo pasar la eliminatoria. "Lo que me preocupa es su sistema defensivo. Es muy bueno, acumula muchos hombres en su área y es dificilísimo encontrar un hueco con opción a remate", confesaba el mexicano que, sin embargo, recordaba que al ir por detrás en la eliminatoria el Oporto tendría que atacar. "De esta manera es posible que muestren alguna debilidad, que es la que nosotros tenemos que aprovechar", apuntaba Hugo.

El partido

El partido se jugó a las diez de la noche, hora portuguesa. Es decir, a las once en España. Lleno hasta arriba en el Estadio Das Antas, con 90.000 gargantas dispuestas a apoyar a los suyos. El encuentro fue retransmitido en directo por la segunda cadena de TVE, con la clásica narración de mi añorado José Ángel de la Casa. Pitaba Adolf Prokop, árbitro de la República Democrática de Alemania. Sí, el mismo señor con el que Juanito había tenido aquel altercado en 1978 que le costó una dura sanción de la UEFA. El Real Madrid salió de inicio con su equipo de gala de aquel ejercicio: Buyo, Chendo, Tendillo, Sanchís, Solana, Míchel, Jankovic, Martín Vázquez, Gordillo, Butragueño y Hugo Sánchez.

Curiosamente, la primera llegada del partido fue para el Madrid. En el primer minuto, además. Los blancos habían sacado de centro y, tras pasar la pelota por la defensa, entre Chendo y Míchel lograron los españoles su primera penetración por banda derecha. El capitán cedió a Butragueño, algo alejado de la portería, pero el 'siete' avanzó unos metros por el centro y desde fuera del área probó fortuna con un disparo lejano que se marchó por muy poco junto al palo derecho. También es cierto que sólo un minuto después Rui Barros estuvo a punto de llegar a un balón enviado desde la izquierda al área de Buyo.

Por desgracia, los portugueses se adelantaron en el minuto 23. Una entrada de Sanchís a Madjer, quizás algo exagerada por el argelino, ofreció a los locales la oportunidad de lanzar una falta desde delante del semicírculo del área madridista. Bueno, pues resulta que el local Sousa ejecutó el libre directo de manera impecable. La clavó por la escuadra, a la izquierda de la portería de Buyo, que no pudo hacer nada para detener el balón pese a su estirada. Un auténtico golazo, hay que reconocerlo. Gol para el Oporto y un 1-0 que le valía a los de Das Antas para pasar la eliminatoria. 

El panorama cambiaba por completo. Los blancos ahora estaban obligados a llevar la iniciativa, pero lo cierto es que tras el gol el equipo estuvo algo espeso. Las jugadas de ataque no se terminaban de concretar en los metros finales. Para colmo, Madjer, el jugador más peligroso de los locales, tuvo en sus botas el 2-0 cinco minutos antes del descanso. Sanchís no acertó a despejar un balón y la pelota botó quedando el argelino en posición de disparo mientras Buyo salía a taparle. Madjer, afortunadamente, cruzó en exceso y el esférico se marchó a la derecha. Ocasión clarísima del Oporto, que por cierto acababa de sustituir a Rui Barros por lesión. El Real Madrid, que había empezado bien el partido, bajó algunos enteros tras encajar el 1-0. De hecho, la primera parte concluye con un centro de Madjer desde la derecha al que no llega Semedo por muy poco...

Entra Paco Llorente

Al descanso se llegó con el 1-0 y el Madrid, en aquellos momentos eliminado. Había que cambiar cosas de cara a la segunda mitad. Las bandas no se habían aprovechado bien, lo cual suele ser un recurso habitual de los entrenadores cuando se enfrentan con defensas bien cerradas. Con el gol, además, resultaba evidente que los de Das Antas se sentirían más cómodos atrás, sin la obligación de tener que subir y resguardando bien los espacios. Leo Beenhakker movió ficha. No quedaba otra, había que atacar. De cara al segundo tiempo dejó en la caseta a un defensa, Solana, para dar entrada a Paco Llorente. Al igual que sucedió en Valencia, el sobrino de Gento saltó al césped con la misión de revolucionar el ataque blanco. Nuevamente lo hizo con el dorsal 16 a la espalda. El resto es historia... Seguramente fueron los mejores cuarenta y cinco minutos de la carrera futbolística de Paco Llorente.

El Real Madrid atacaba y atacaba. Pero había que tener cuidado con las contras. En una de ellas, un balón largo de Frasco dejó a Madjer con el balón por la izquierda. Tendillo estuvo a punto de quitarle el balón pero a trompicones el argelino consiguió superarle y se metió en el área. Sanchís, perfecto en el cruce, consiguió arrebatarle el balón y rápidamente inició una nueva jugada para los blancos. Tras pasar por dos futbolistas Gordillo envió la pelota a Míchel en el centro del campo, que a su vez soltó rápido a la banda izquierda, por donde se incorporaba a toda velocidad Llorente. Paco controló y se deshizo de un rival con un espectacular dribling que dejó seco al defensor portugués al tiempo que iniciaba la carrera hacia la línea de fondo. Apuró casi hasta la misma raya y allí culminó su jugada efectuando un mortífero pase atrás hacia el punto de penalti donde Míchel conectó un soberbio disparo que se coló a gol como un misil. Jugadón de Llorente y cañonazo de Míchel. 1-1 y el Real Madrid de nuevo por delante en la eliminatoria. Era el minuto 54.

El conjunto de Beenhakker tenía que ser cauto. Era lógico que el Oporto tratara de profundizar en ataque. Necesitaba otro gol para, al menos, forzar la prórroga. Claro que los contragolpes pasaban a beneficiar a los madrileños. Al equipo anfitrión le entraron las prisas y trataba de generar peligro. Sobre todo en acciones a balón parado, puesto que Prokop señalaba falta al mínimo contacto con los portugueses. Sólo un par de minutos después del gol del empate Buyo tuvo que intervenir para detener un balón cabeceado tras el saque de una falta por la derecha. El guardameta chocó con Geraldao, que había subido al remate desde la defensa.

En el minuto 68 llegaría el segundo gol del Real Madrid. Y otra vez con los mismos protagonistas del primer tanto. Y otra vez otro jugadón de Paco Llorente, esta vez todavía más espectacular. Los portugueses estaban entrando con dureza al balón y tras una fuerte entrada sobre Gordillo el Madrid dispuso de una falta que botó Jankovic a la izquierda. Allí en banda estaba Llorente, que controló la pelota delante de un defensa. Hacia ellos corrió Gordillo, que arrastró consigo a otro defensor portugués, de tal manera que quedaron los cuatro en un pañuelo. Gordillo se marchó por banda y Llorente se quedó con los dos defensas rivales... Pero se deshizo de ellos. Un tercer portugués se lanzó al suelo a por él... Pero Paco también se marchó de él. ¡Llorente contra todos! Le salió al encuentro un cuarto jugador pero el extremo madridista, con la diestra, consiguió enviar un pase que, de nuevo, fue aprovechado por Míchel para soltar otro latigazo a la red. Segundo gol del Real Madrid, segundo gol de Míchel. Pero el gran mérito fue, por supuesto, de Paco Llorente.

El 1-2 le dejaba la eliminatoria en bandeja al Real Madrid. Ya no había posibilidad de prórroga. En esos momentos el global era de 4-2 favorable a los blancos y el Oporto estaba obligado a marcar tres goles en veinte minutos para poder pasar. A seis minutos para el final, Beenhakker dio entrada a José Antonio Camacho en sustitución de Butragueño. El trabajo en ataque ya estaba hecho. Y venía bien incorporar al veterano lateral para apuntalar la zaga de cara a los últimos conatos de ataque del conjunto luso.

Hubo opción de otro gol. Una triangulación por la derecha cogió a Paco Llorente, omnipresente durante la segunda parte, por la banda derecha. El gran protagonista del partido empezó a galopar a toda velocidad pegado a la raya. Cuando se aproximaba al fondo envió otro centro atrás. Esta vez recibió dentro del área Hugo Sánchez pero el mexicano pasó a la izquierda, por donde se incorporaba Gordillo. Rafa fusiló con un zurdazo enviando el esférico a la madera. El larguero repelió con violencia el disparo evitando lo que hubiera sido el 1-3. Hubiera sido otro golazo... Bueno. Ya daba igual. Corría el minuto 89 y el objetivo estaba más que cumplido. El pase de ronda era un hecho y cuando Prokop señaló con su pitido el final del choque el Campeón de Europa quedaba eliminado

Al día siguiente, el jueves 5 de noviembre de 1987, el Real Madrid era el gran protagonista en la prensa. "El Madrid sigue siendo el Rey de Europa", señalaba Marca en portada con un titular bien grande: Aplastó. No sólo los diarios deportivos como As y marca se hicieron eco de la gran actuación del equipo español. También la prensa generalista destacó en sus primeras páginas. La foto de portada de El País mostraba una piña de jugadores blancos celebrando uno de los goles de Míchel. "El Madrid eliminó al campeón", señalaba el diario. "En la segunda parte, la entrada de Llorente cambió el partido, al darle los dos goles a Míchel, uno de los cuales es festejado por los jugadores en la fotografía", explicaba bajo la imagen El País. ABC, por su parte, otorgó su portada por completo al conjunto blanco. "El Madrid dio un nuevo paso de gigante en la Copa de Europa", titulaba el diario con una enorme fotografía a toda página de Hugo Sánchez.

De aquella noche quedaron para el recuerdo dos nombres propios. Míchel, por sus goles. Pero, sobre todo, Paco Llorente. Su segunda parte en Das Antas fue magistral. Fue el revulsivo del partido. Su actuación en Oporto pasó a la Historia y siempre será recordado por aquel partido. Aquella noche Llorente emuló a su tío Paco Gento y pasó como una 'galerna' por Oporto. "Paco Llorente puso KO al Oporto", tituló su crónica José Vicente Hernáez para Marca. Y en la misma línea todo el resto de medios. Por supuesto, recibió una calificación de 3 al igual que Míchel y Jankovic. Pero la gran estrella del partido fue Llorente. A pesar de todo, el éxito no se le subió a la cabeza, ni mucho menos. "Fue muy emocionante, pero tampoco hay por qué exagerar", afirmó tras el encuentro el vallisoletano. "El mérito del triunfo es de todo el equipo. En los goles, yo di los pases, pero el balón había que meterlo", puntualizaba Paco Llorente con humildad.

Fue un triunfo brillante. "Es muy difícil pedirle más a este Real Madrid", comentaría tras el choque el presidente Ramón Mendoza. Bonito duelo y desenlace feliz para los madridistas en esta 'final anticipada' entre, seguramente, los dos equipos más fuertes de la competición en aquellos instantes. El Real Madrid eliminó al Oporto, que un mes después ganaría la Copa Intercontinental en Tokio al doblegar al Peñarol de Montevideo. El equipo de Tomislav Ivic también se proclamaría Campeón de la Supercopa de Europa en enero de 1988 tras superar en la Final a doble partido al Ajax y acabaría la temporada 1987-88 ganando Liga y Copa en Portugal. Pero en la Copa de Europa ya no tuvo opción de revalidar título. El Real Madrid se lo impidió...

El conjunto español se clasificó para los cuartos de final junto a otros siete equipos: Bayern de Múnich, Girondins, PSV Eindhoven, Steaua de Bucarest, Rangers, Benfica y Anderlecht. En las ruedas de prensa que realizó Leo Beenhakker después del partido y al día siguiente, ya en Madrid, se le preguntó a qué rival prefería enfrentarse en la siguiente ronda. El técnico siempre respondió que le daba igual. "Con nuestra suerte, eso sí, no me extrañaría que fuese el Bayern de Múnich", apostilló. Pfff... Madre mía. Pues lo clavó. Después del Nápoles de Maradona y del Campeón de Europa, el Oporto, el sorteo emparejó al Real Madrid con el vigente subcampeón, el Bayern. Pero eso es otra Historia que ya recordaremos dentro de unos meses...

OPORTO: Mlynarczyck, Joao Pinto, Celso, Geraldao, Inacio, Magalhaes (Plácido, 75'), Sousa, Andre, Frasco, Rui Barros (Eduardo Luis, 36') y Madjer.

REAL MADRID: Buyo, Chendo, Tendillo, Sanchís, Solana (Paco Llorente, 45'), Míchel, Jankovic, Martín Vázquez, Gordillo, Butragueño (Camacho, 84') y Hugo Sánchez.

GOLES
1-0 min. 23 Sousa
1-1 min. 54 Míchel
1-2 min. 68 Míchel

viernes, 3 de noviembre de 2017

RECORDANDO A PACO LLORENTE

El sobrino de Gento recaló en el Real Madrid de hace tres décadas

Francisco Llorente Gento. Su segundo apellido resulta mítico para cualquier madridista. El sobrino de Paco Gento tenía que jugar en el Real Madrid. Es lo que debieron de pensar en la cúpula directiva de Ramón Mendoza cuando en la temporada 1986-87 el jugador era uno de los futbolistas más prometedores del Atlético de Madrid y se convirtió en una de las revelaciones del campeonato con el equipo colchonero. Las similitudes eran evidentes. Llorente incluso ocupaba sobre el terreno de juego la misma demarcación en la que su tío había pasado a la Historia del Real Madrid. El joven extremo, que había formado parte de las categorías inferiores del Club blanco, había sido descartado por los técnicos en su momento y tras pasar por varios equipos había terminado en el Atlético, donde demostró que en el Madrid se habían equivocado abriéndole la puerta. Dicen que rectificar es de sabios, así que el Madrid le trajo de vuelta para jugar en el Santiago Bernabéu.

Noviembre de 1987 fue un mes muy especial para Paco Llorente. Fue la estrella del momento en el fútbol español. Su actuación en el partido de Copa de Europa entre el Oporto y el Real Madrid le llevó a lo más alto del panorama futbolístico y un par de semanas más tarde debutaba con la Selección en un encuentro que enfrentó a España con Albania. Incluso marcó gol. Ahora que se cumplen treinta años de todo aquello, creo que es un buen momento para echar la vista atrás y recordar a uno de los miembros de la saga de los Llorente Gento. 

Sus inicios 

Francisco Llorente Gento nació el 21 de mayo de 1965 en Valladolid. Su madre, María Antonia Gento, era la hermana de los futbolistas Paco, Julio y Antonio Gento. En su familia, desde luego, había genes de deportista tal y como demostraron el propio Francisco Llorente y sus tres hermanos. Todos ellos fueron deportistas de élite, como ya recogí hace tiempo en otra entrada de 'Historias del Real Madrid'. Los dos mayores, José Luis y Toñín Llorente, se dedicaron al baloncesto. Los benjamines, Paco y Julio Llorente, al fútbol. Todos ellos pasaron por el Real Madrid. Paco y Julio incluso llegaron a coincidir dos temporadas en la primera plantilla del equipo blanco, como veremos luego.

Paco Llorente inició su andadura futbolística en el Colegio San Agustín para ingresar posteriormente en las categorías inferiores del Real Madrid como juvenil. Después pasaría por las filas del Urbis en el año 1982. Del Urbis pasó al Móstoles, donde capta la atención de los ojeadores del Atlético de Madrid. En la temporada 1985-86 juega con el filial colchonero en Segunda División. El Atlético Madrileño no mantiene la categoría y desciende, pero aquella misma campaña Paco Llorente consigue debutar en Primera División. Fue el 6 de abril de 1986 en un Atlético-Las Palmas que concluye con triunfo rojiblanco por 1-0. Llorente saltó el terreno de juego mediado el segundo tiempo sustituyendo al goleador del partido, Cabrera. Jugó dos partidos más en Primera esa temporada.

Su despegue definitivo se registró en la siguiente temporada, la 1986-87. Llorente pasó a formar parte de la primera plantilla del Atlético de Madrid desde el arranque de campaña. Jugó 26 partidos de Liga, 18 de ellos como titular, y marcó tres goles. A sus 21 años se convirtió en una de las atracciones del equipo con sus espectaculares arrancadas, sus recortes y un endiablado cambio de ritmo. Pero, sobre todo, por lo que más destacaba era por su velocidad. Era increíble lo que corría... Sus cualidades eran perfectas para lucirse como extremo por las bandas. Quizás le faltaba un poco más de gol, pero era lógico al no tratarse de un futbolista exclusivamente de área. Todo lo contrario, era idóneo jugando por fuera, por lo que era mucho más útil rompiendo defensas y dando pases de gol.

En octubre de 1986 nuestro protagonista jugó como titular los dos encuentros de la Final a doble partido de la Eurocopa Sub-21 frente a Italia. Los transalpinos se habían impuesto 2-1 en Roma el 15 de octubre y los españoles ganaron por idéntico resultado en Valladolid dos semanas después, el miércoles 29 de octubre. El título, por tanto, se tuvo que dilucidar desde el punto de penalti y el cancerbero Ablanedo resultó decisivo al detener dos lanzamientos. España se proclamó Campeona. En el combinado que dirigía Luis Suárez había dos madridistas, Manolo Sanchís y Jesús Solana. También estaba por allí otro futuro jugador blanco, Quique Sánchez Flores.

En el número 577 de la revista Don Balón, correspondiente a la semana del 4 al 10 de noviembre de 1986, la portada recogía el triunfo de la Selección Sub-21 pero también destacaba a un protagonista al que le dedicaron una entrevista. "Llorente. El misil del Manzanares", titulaba la publicación en su primera página y en su interior con cuatro páginas a todo color dedicadas a la nueva estrella del Atlético. "Soy un futbolista que empezó jugando desde muy pequeño en el colegio y que he ido escalando puestos hasta llegar al Atlético de Madrid. Lucho por seguir adelante y por seguir demostrando lo que llevo dentro", le contaba el futbolista al periodista Juan Carlos Casas. Desde Don Balón se le preguntaba cuáles habían sido sus secretos para llegar a donde estaba en aquellos momentos. "Principalmente han sido dos: que siempre he entrenado y trabajado a tope, y la velocidad, ya que ésta ha impulsado mi carrera. ¿Velocidad innata? Sí. Toda la vida he sido muy rápido, aunque con los entrenamientos la he mejorado más aún. ¿Atletismo? Es un deporte que me encanta, pero no lo pude practicar de pequeño porque en el colegio no había sección de esta modalidad. No tuve opción", relataba Llorente.

Como es lógico, desde Don Balón le preguntaban por su tío Paco Gento. "De pequeño, cuando estaba en el colegio, siempre me corregía detalles. Ahora, después de verme en algún partido, me comenta algo sobre la actuación que he tenido. Nunca ha estado detrás mío machaconamente para que hiciese lo que él dijera. Aunque juego en el mismo puesto que él, son tiempos diferentes, ahora no te puedes estar pegado a la banda porque te marcan de cerca y no tocas bola, antes no había marcajes estrechos ni defensa libre, era más fácil penetrar hasta la línea y dar el pase de la muerte", explicaba Paco Llorente. El jugador, además, hablaba de su salida del Real Madrid. "¿Que si me perjudicó ser sobrino de Gento? No lo sé, aunque creo que no. En aquellos tiempos, quiero pensar que ser el sobrino de Gento ni me perjudicó ni me benefició. Simplemente ocurrió que no contaban conmigo en el Real Madrid, no entraba en los planes de los técnicos", señalaba. El vallisoletano también puntualizaba que prefería que se refiriesen a él simplemente como 'Llorente'. "Lo de sobrino de Gento, aunque no me disgusta en absoluto porque mi tío fue de los mejorcitos en esto del fútbol, tampoco me gustaría que cada vez que tuvieran que referirse a mí dijeran Llorente, el sobrino de Gento".

Otro punto interesante de aquella entrevista de Juan Carlos Casas para Don Balón era aquel en el que le preguntaban si se consideraba el Butragueño rojiblanco. "No. Emilio, indudablemente, es un gran jugador, y él tiene más calidad técnica que yo. En el fondo y en la forma no nos parecemos. ¿Diferencias? Emilio es rápido en pocos metros, yo lo soy en pocos y en muchos metros. En principio, no me gustaría estar como él por los problemas de popularidad. ¿Tímido? Sí, bastante, no me gusta ni que me reconozcan por la calle ni las entrevistas", respondía Llorente.

Así estaban las cosas para Francisco Llorente en noviembre de 1986. El jugador ya no era ninguna promesa. Era toda una realidad. Y el Real Madrid se terminó volviendo a encontrar con su ex futbolista...

Decreto 1.006/85 

Francisco Llorente Gento fue un pionero en el fútbol español. Fue el primer futbolista que se acogió al Decreto 1.006 de Relaciones Laborales de los Deportistas Profesionales o, como es más conocido, Decreto 1.006/1985 que recogía el derecho de un deportista a rescindir unilateralmente su contrato, de manera legal, aportando una compensación económica a modo de indemnización al club con el que rompía su vínculo. En otras palabras, ahí teníamos el origen de las actuales cláusulas de rescisión. En cierto sentido se podría decir que Llorente llegó a ser una especie de 'Jean Marc Bosman' español. Todavía le quedaban tres años más con el Atlético, pero en su última revisión de contrato los asesores del jugador habían incorporado una cláusula que fijaba en 50 millones de pesetas el precio de su libertad amparándose en el citado 1.006/85. Eso es lo que tendría que pagar un equipo por hacerse con sus servicios: 50 millones

No se había llegado al ecuador de la temporada 1986-87 y ya comenzaron a saltar los rumores de equipos interesados en llevarse a Llorente, lo cual, es comprensible, no gustó mucho a los atléticos. A lo largo de los siguientes tres meses los supuestos intereses de clubes como Real Madrid o Barcelona por el veloz extremo enturbiaron la relación entre jugador y aficionados. El Atlético negoció con el entorno del futbolista para que éste siguiese vistiendo de rojiblanco, pero las cifras que se barajaban eran demasiado altas. La situación se hizo insostenible en marzo de 1987. Llorente ya había dejado de jugar con el Atlético y ya no iba a volver a hacerlo. El 6 de marzo se hizo oficial que Llorente jugaría con el Real Madrid a partir de la siguiente temporada. El Atlético recibió los 50 millones de pesetas de indemnización y el miércoles 27 de mayo pisó por primera vez el césped de la Ciudad Deportiva como nuevo futbolista del Real Madrid. No podía jugar, de todas formas, hasta el comienzo de la siguiente campaña 1987-88. En cualquier caso, el sobrino de Paco Gento había vuelto al Real Madrid.

Aunque sin posar con la elástica blanca, Paco Llorente hablaba ya como madridista en un espectacular reportaje que publicó la revista As Semanal el 5 de abril de 1987. En portada, el jugador aparecía vestido de piloto junto a un avión. "Llorente, un extremo a reacción", titulaba la publicación basándose en la velocidad del futbolista. La entrevista, firmada por Alejandro Elortegui Escartín, estaba ilustrada con las fotografías de José María Clares en las que Llorente posa con un reactor CASA C-101.

"Del Atlético no me quedarán más que recuerdos buenos, porque ellos han sido los que me han ayudado, los que me han aplaudido y coreado mi nombre. En definitiva, los que me han aupado", señalaba agradecido con su ya ex equipo. A la pregunta de cómo surgió la posibilidad de marchar al Real Madrid el vallisoletano alude a sus buenas actuaciones con la camiseta del Atlético. "Como a cualquier otro jugador cuando le salen las cosas tan bien que otros equipos comienzan a mostrar interés por él. Tuve ofertas de varios equipos españoles y algunos italianos: Verona y Sampdoria", confesaba Llorente. Lo que rechazó de pleno eran ciertos rumores y chascarrillos que circulaban sobre su vida personal. "No sé quién ha podido afirmar lo de la hija de Ramón Grosso y la relación con mi pase al Real Madrid. Cada vez que lo leía me echaba a reir. Ella es mi novia y nada más. No me entra en la cabeza que la gente pueda pensar en esas cosas", aseveraba Llorente.

De nuevo blanco

Aunque desde finales de mayo de 1987 ya se había visto a Paco Llorente en las instalaciones deportivas del Real Madrid, su puesta de largo como nuevo jugador blanco llegaría con la presentación oficial de la plantilla para la temporada 1987-88. Fue el martes 28 de julio de 1987. Miguel Tendillo y Francisco Llorente fueron las caras nuevas en el acto de la puesta de largo de un equipo que venía de ganar dos Ligas de manera consecutiva. "La competencia será fuerte, pero confío en mis posibilidades. Si en un principio no jugase con asiduidad no habría ningún problema, pues sé esperar mi oportunidad", apuntaba en la revista del Club demostrando que era consciente de a dónde llegaba. Llorente era un refuerzo para un equipo campeón consolidado y con futbolistas que jugaban de memoria.

 El coleccionable 'Historia viva del Real Madrid' publicado por ABC ofreció en el verano de 1987 otra entrevista con el jugador. En ella Llorente explicaba a los lectores los pormenores de sus cualidades como futbolista. “Mi juego no es nada del otro mundo. Es muy sencillo, aunque todavía no puedo asegurar nada porque no sé cómo me hará jugar Leo Beenhakker. En mis anteriores equipos he actuado en la delantera, en la posición de extremo. Juego muy pegado a la banda derecha para hacer dos tipos de jugadas, según las circunstancias. En una primera corro con el balón controlado, pegado a la línea de banda. En esta jugada me adentro hasta el fondo de córner y desde allí cuelgo el balón hacia la portería para que uno de mis compañeros más en punta lo rematen. En la otra, en vez de pasar desde la línea de córner, me escoro hacia la izquierda en jugada propia, o haciendo alguna pared, para intentar tirar a gol o pasar al compañero en mejor disposición de batir al portero contrario. Intento basar mi juego en la velocidad y potencia física que tengo, pero sin olvidar la técnica, ya que creo que soy también un jugador técnico”, analizaba con profusión de detalles Llorente. 

El futbolista se mostraba feliz por su vuelta al Club. “El haber fichado por el Real Madrid supone para mí el haber hecho realidad una de las mayores aspiraciones que tenía. Creo que fichar por este club es algo que sueña cualquier jugador. Para mí va a ser una etapa muy importante, sin revanchismos ni nada parecido. Me lo voy a tomar como cualquier otro jugador que llega a un equipo nuevo. Intentaré jugar y lucharé para que así sea”, contaba. “El trato que te da el Real Madrid es fenomenal, pero no sólo conmigo, sino con cualquier otro jugador. Es un club que se comporta con los jugadores de una manera excepcional. Me ha costado mucho llegar hasta aquí. Incluso el año pasado tuve que dejar de jugar. Pero yo creo que si todo aquello me ha servido para llegar al Real Madrid, pienso que no es tiempo perdido, sino todo lo contrario”, argumentaba Llorente. “Yo he venido al Real Madrid rechazando ofertas mejores porque estaba aquí mi casa y porque es el mejor equipo del mundo”, apostillaba el extremo realizando toda una confesión de amor por los colores. 

"Mi vuelta es el inicio de algo que espero sea muy satisfactorio para todos", apuntaba el jugador en otra entrevista que publicó la revista oficial del Real Madrid en su ejemplar número 445 correspondiente al mes de septiembre de 1987. No era el único Llorente en regresar al Madrid. Su hermano mayor José Luis también acababa de volver al equipo de baloncesto. Y el pequeño, Julio, entonces en el Castilla, entrenaría con su hermano antes de partir cedido a Mallorca. "Para nosotros es muy bonito estar tres de los cuatro hermanos en esta entidad. Ello hace que el Real Madrid sea, en efecto, nuestra segunda casa", contaba Paco. El jugador también hablaba de sus características técnicas y de las posibilidades que tenía para jugar en su nuevo equipo.  "Quedan pocos extremos-extremos, pues el fútbol actual se juega de otra forma a como se hacía antes. No hay lugar a jugadores que actúan en puestos específicos, rígidos, y se mira más a la movilidad. No pienso que tenga más oportunidades por actuar más en esta demarcación", argumentaba. "Pienso que siempre es bueno tener al lado jugadores de contrastada y reconocida valía profesional. No cabe duda que estas cualidades son las que adornan a la actual plantilla del Real Madrid. Además, he de indicar que a la calidad profesional se une la humana que existe en la plantilla. Los compañeros nos han recibido fenomenalmente a los nuevos, nos han ayudado mucho y esto ha permitido que el acoplamiento al equipo y la integración haya sido rápida y sin problemas. Estoy bastante contento por ello y con lo que he realizado hasta ahora sobre el terreno de juego", contaba para el boletín de la entidad.

Héroe en Oporto 

En los primeros meses de la temporada 1987-88 el nuevo jugador blanco se convirtió en el revulsivo del equipo, el jugador del que echaba mano Leo Beenhakker para desatascar encuentros o para hacer daño en las segundas partes. Así lo demostraría en Copa de Europa. Sobre todo en un partido concreto, el encuentro por el que pasaría a ser siempre recordado. El Oporto-Real Madrid del 4 de noviembre de 1987.

El Real Madrid había ganado a los portugueses en el encuentro de ida, disputado en Valencia, por 2-1. En aquel partido Llorente ya había demostrado su valía. En el choque de vuelta el conjunto luso se adelantó en el primer tiempo. Beenhakker volvió a tirar de Paco Llorente, que saltó al terreno de juego con su equipo en aquellos momentos eliminado y necesitando, al menos, un gol. Y resultó ser la clave. En el minuto 54 una internada de nuestro protagonista por banda izquierda propició el tanto del empate. Paco controló y se deshizo de un rival con un espectacular dribling que dejó seco al defensor portugués al tiempo que iniciaba la carrera hacia la línea de fondo. Apuró casi hasta la misma raya y allí culminó su jugada efectuando un mortífero pase atrás hacia el punto de penalti donde Míchel conectó un soberbio disparo que se coló a gol como un misil. Jugadón de Llorente y cañonazo de Míchel. 1-1 y el Real Madrid de nuevo por delante en la eliminatoria.

En el minuto 68 llegaría el segundo gol del Real Madrid. Y otra vez con los mismos protagonistas del primer tanto. Y otra vez otro jugadón de Paco Llorente, esta vez todavía más espectacular. Los portugueses estaban entrando con dureza al balón y tras una fuerte entrada sobre Gordillo el Madrid dispuso de una falta que botó Jankovic a la izquierda. Allí en banda estaba Llorente, que controló la pelota delante de un defensa. Hacia ellos corrió Gordillo, que arrastró consigo a otro defensor portugués, de tal manera que quedaron los cuatro en un pañuelo. Gordillo se marchó por banda y Llorente se quedó con los dos defensas rivales... Pero se deshizo de ellos. Un tercer portugués se lanzó al suelo a por él... Pero Paco también se marchó de él. ¡Llorente contra todos! Le salió al encuentro un cuarto jugador pero el extremo madridista, con la diestra, consiguió enviar un pase que, de nuevo, fue aprovechado por Míchel para soltar otro latigazo a la red. Segundo gol del Real Madrid, segundo gol de Míchel. Pero el gran mérito fue, por supuesto, de Paco Llorente.

De aquella noche quedaron para el recuerdo dos nombres propios. Míchel, por sus goles. Pero, sobre todo, Francisco Llorente. Su segunda parte en Das Antas fue magistral. Fue el revulsivo del partido. Su actuación en Oporto pasó a la Historia. Aquella noche Llorente emuló a su tío Paco Gento y pasó como una 'galerna' por Oporto. "Paco Llorente puso KO al Oporto", tituló su crónica José Vicente Hernáez para Marca. A pesar de todo, el éxito no se le subió a la cabeza, ni mucho menos. "Fue muy emocionante, pero tampoco hay por qué exagerar", afirmó tras el encuentro el vallisoletano. "El mérito del triunfo es de todo el equipo. En los goles, yo di los pases, pero el balón había que meterlo", puntualizaba Paco Llorente con humildad.

Era el hombre de moda del fútbol español. La prensa deportiva europea hablaba de Llorente. Y sus fulgurantes actuaciones con el Real Madrid se verían también recompensadas con la llamada del combinado nacional. 

El 18 de noviembre de 1987 la Selección de Miguel Muñoz disputaba un encuentro valedero para la clasificación de la Eurocopa de 1988. España se enfrentó a Albania en el Benito Villamarín de Sevilla. Jugaron de inicio Zubizarreta, Chendo, Goikoetxea, Sanchís, Julio Alberto, Víctor Muñoz, Míchel, Señor, Calderé, Butragueño y Bakero. Tras el descanso, Paco Llorente salió al campo por Calderé y en el minuto 61 Quique Sánchez Flores sustituyó a Julio Alberto. Era el debut de Llorente con la camiseta roja. Y no pudo ser un debut más feliz. Marcó gol. En el minuto 67 Llorente anotó el 4-0 ajustando al palo corto de tiro raso un balón que había triangulado con Quique. Previamente habían marcado Bakero, por partida doble, y Míchel. Bakero, de nuevo, marcaría después el quinto tanto de aquel 5-0 con el que España sellaba su clasificación para la Euro-88.

La campaña de su debut con el Real Madrid se saldó con el título de Liga. "Nunca había vivido algo así. Creo que es una temporada muy difícil de igualar porque a lo conseguido hay que sumar cómo se ha conseguido", señalaba el jugador en declaraciones recogidas por la revista oficial del Real Madrid. "Estoy muy contento de mis actuaciones. Entre otras cosas porque cuando he tenido la oportunidad de jugar he demostrado que pueden confiar en mí", añadía a la hora de valorar su actuación a lo largo de aquella temporada 1987-88. En total participó en 35 encuentros oficiales entre Liga, Copa de Europa y Copa del Rey. Marcó 4 goles, 2 en Liga y 2 en Copa. 

Jugador número 12 

En su segundo ejercicio como madridista, en la temporada 1988-89, Paco Llorente coincidió en el equipo con su hermano Julio, que regresó de su cesión en el Mallorca para quedarse en la primera plantilla. Fue la temporada en la que más partidos disputó con la camiseta blanca, un total de 38 encuentros oficiales entre Liga, Copa de Europa, Copa del Rey y Supercopa de España. El dato tiene mucho mérito teniendo en cuenta lo complicado que resultaba jugar en los puestos de ataque en aquel Real Madrid en el que Butragueño y Hugo Sánchez eran prácticamente intocables. Con Leo Beenhakker de entrenador Llorente se convirtió en el primer recambio. Pero también disfrutó de titularidades. Diez en Liga y dos en Copa de Europa. Una de ellas, por cierto, generó un gran revuelo. Fue en la vuelta de los cuartos de final frente al PSV Eindhoven, el miércoles 15 de marzo de 1989. Beenhakker dejó en el banquillo a Butragueño por decisión técnica, algo inusual, y su puesto en el once inicial lo ocupó Llorente. Se armó la de dios por aquella decisión del entrenador, con críticas incluso del presidente Mendoza. En cualquier caso, el vallisoletano lo hizo bien aquel día en el que el Madrid eliminó al PSV en la prórroga vengándose así de lo del año anterior...

En abril de 1989 el semanario As Color publicó una entrevista con Paco Gento en la que el legendario extremo madridista, además de recordar viejas gestas, también hablaba de sus sobrinos. "No se lo manifiesto con pasión de tío, sino con toda sinceridad. Bajo mi punto de vista, Paco y Julio son dos grandes jugadores. A Paco le están dando más oportunidades. A Julio, menos. Pero, en fin, por la calidad y el amor propio que tienen, los dos pueden llegar lejos. Paco puede llegar a ser un jugador de élite. Tiene una velocidad impresionante", le contaba a Luis Miguel González. El periodista le preguntaba qué habían heredado de la 'Galerna del Cantábrico'. "En el fondo somos distintos. El genio, desde luego, no le han heredado. Paco juega mucho con la cintura, algo que yo también hacía. A veces le digo que se vaya más al remate, ya que le pega bien a la pelota y tiene potencia en el disparo. Julio tiene otras características. Pero es lógico, ya que juegan en puestos diferentes. El delantero suele ser más tímido que el defensa", relataba el gran Paco Gento.

Con la marcha de Beenhakker y la llegada de John Toshack el papel de Llorente siguió siendo el de primer recambio. Con el galés el equipo titular estuvo muy definido pero el extremo siguió participando con asiduidad. En Liga jugó 23 partidos, aunque sólo fue titular en dos. Pero salió como sustituto en 21 ocasiones. Lo dicho, el 'jugador número 12' del Real Madrid. Ideal para romper en las segundas partes con su velocidad y su frescura saliendo del banquillo. De hecho, siempre se suele recordar la frase de Toshack en la que afirmaba que Llorente había sido el jugador más rápido que había tenido a sus órdenes.

En la temporada 1990-91 las lesiones y los problemas de salud dejaron a Paco Llorente fuera del equipo durante casi toda la temporada. Una lesión de hombro durante el Trofeo Santiago Bernabéu el 29 de agosto de 1990 le obligó a pasar por quirófano y estar los tres primeros meses de competición en el dique seco. Pero en noviembre de 1990, cuando estaba a punto de reaparecer, un problema de oído que en principio parecía de poca importancia terminó derivando en algo más grave. Padeció lo que se conoce como Enfermedad de Meniere, un trastorno del oído interno que provoca problemas de vértigo y mareo.

La revista Don Balón, en su número 795 correspondiente a la semana del 16 al 22 de enero de 1991 dedicaba un pequeño reportaje al caso. "Una enfermedad de vértigo", titulaba el periodista Rodolfo Chisleanschi. Llorente había vuelto a pasarse por la Ciudad Deportiva tras dos meses de ausencia. Todavía no entrenaba, pero las perspectivas ya eran un poco más optimistas. "Ya estoy mejor, aunque el vértigo no se me ha pasado del todo. Pero el peor momento ya está superado y sólo queda esperar que se vaya por completo para volver a los entrenamientos", contaba el jugador. "Yo sentía, en los primeros días, que todo me daba vueltas alrededor y me daba la sensación de que me iba a caer", apuntaba sobre su extraña enfermedad. "Tengo que esperar, no me queda otra alternativa", apuntaba. Desde los servicios médicos del Club se siguió con preocupación este asunto. "El jugador sufre de vértigos que no son continuos, sino en forma de ataques con relativa frecuencia", apuntaba el doctor José Martínez 'Pirri' en declaraciones recogidas por Don Balón. "Es imposible saber cuándo estará en condiciones de volver a entrenar porque los vértigos pueden desaparecer un día y no volver más, o repetirse durante muchos meses", matizaba 'Pirri'. 

Llorente no volvería a pisar un terreno de juego hasta finales de febrero del año 1991. Los problemas se le acumularon aquella temporada. Padeció una lesión de clavícula, problemas gastrointestinales y finalmente la mencionada Enfermedad de Meniere. En total, sólo jugó ocho partidos esa campaña, seis de Liga y dos de Copa de Europa. Muy mala suerte aquel ejercicio en el Madrid con el tema de las lesiones. Llorente, Milla, Gordillo...

En la temporada 1991-92 nuestro protagonista recupera el protagonismo perdido y vuelve a participar con el equipo. Con Antic lo hace como suplente pero el cese del yugoslavo supuso la vuelta al banquillo de Leo Beenhakker, el primer técnico que había entrenado a Llorente en el Madrid. Y con el nuevo técnico acabó la temporada como titular. Es un dato a destacar. Tras cuatro años en el Bernabéu aquel fue el periodo en el que más veces partió de inicio en el once del equipo.  

Las cosas cambiaron con la llegada de Benito Floro en la temporada 1992-93. Con el nuevo técnico Paco Llorente quedó relegado a un segundo plano. Sólo sanciones y lesiones puntuales de algún compañero le permitieron actuar en ocasiones esporádicas. 13 partidos oficiales entre Liga, Copa y Copa de la UEFA. La vuelta de Martín Vázquez le cerró el paso por la banda izquierda, donde también solía jugar Luis Enrique. De hecho, Floro utilizó a Llorente como lateral, incluso por la banda derecha. Las cosas no mejoraron en el siguiente ejercicio. En la temporada 1993-94 sólo participó en 7 partidos oficiales, 4 de Liga y 3 de Copa. Se avecinaba una renovación en la plantilla de cara al siguiente ejercicio y varios jugadores que terminaron contrato no siguieron. Llorente fue uno de ellos, junto a futbolistas como Pedro Jaro o Villarroya.

En total, Francisco Llorente pasó siete temporadas en el primer equipo blanco. Ganó 3 Ligas, 2 Copas del Rey y 4 Supercopas de España. 

Después del Madrid 

Tras su salida del Real Madrid en el verano de 1994 Paco Llorente pasó unos meses sin equipo. Sólo tenía 29 años y no parecía muy lógico que un futbolista recién salido del Bernabéu no encontrara acomodo en otro equipo. La solución llegó en el mercado de invierno. Recaló en el Compostela, entonces en Primera División. A finales de enero de 1995 debutó con su nuevo equipo, con el que fue de menos a más superando los meses de inactividad en competición oficial. Incluso le marcó un gol al Barcelona. En total, 18 partidos en los que demostró que seguía siendo un futbolista totalmente apto para la élite. Con el equipo gallego jugó cuatro campañas hasta la temporada 1997-98. Con 33 años colgó las botas y se retiró del mundo del fútbol.

Paco Llorente ya se había casado con María Ángeles Moreno, la hija de Grosso. Y sí, como todo el mundo sabe, ellos son los padres de Marcos Llorente, actual jugador de la primera plantilla del Real Madrid. ¡La saga de los Llorente continúa en el Club representada por el joven Marcos!

Epílogo

Francisco Llorente no llegó a ser titular fijo en el Real Madrid, pero sí que fue un jugador de mucho provecho. Un recambio de lujo para los puestos de vanguardia del equipo. El jugador 'número doce'. Francamente, nunca he entendido esa forma de catalogar a los futbolistas y ese punto de vista según el cual sólo triunfan los que juegan siempre. En una plantilla hay más de once jugadores y todos son fundamentales a la hora de conseguir objetivos. Los suplentes también son importantes y Paco Llorente lo demostró con creces en innumerables ocasiones. No en vano, estamos hablando de un futbolista que pasó siete años en el equipo y que disputó un total de 160 partidos oficiales con la camiseta blanca. 160 partidos en los que ayudó al Real Madrid. Incluso arriesgando su propio físico...

Seguramente cuando recordamos a Paco Llorente a casi todos nos vienen a la cabeza sus jugadas en el Oporto-Real Madrid del que ahora se cumplen treinta años. Pero para mí hay otra imagen de Llorente que refleja a la perfección lo que fue su paso por el Madrid. Me refiero a la estampa de Llorente jugando con el brazo en cabestrillo en el Real Madrid-Milán de Copa de Europa de la temporada 1989-90. Paco se había lesionado en el hombro tras caer al suelo por línea de fondo después de una de sus galopadas por la banda izquierda. Tuvo que ser retirado a vestuarios. Toshack ya había realizado las dos sustituciones y poco después Manolo Sanchís vio la tarjeta roja directa. Para que el equipo no se quedara con nueve, Llorente accedió a volver a salir al terreno de juego lesionado para ayudar. Así es como recuerdo yo a Paco Llorente, saltando al césped con el brazo en cabestrillo por dentro de la camiseta Reny Picot. Jugando lesionado. Eso es ayudar al equipo. Por detalles como el de ese partido de 1989, desde luego, Francisco Llorente Gento siempre merecerá nuestro recuerdo y agradecimiento...